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Nacimiento de la Franc Masonería Mixta en el Mundo y "Le Droit Humain"

Documentos y manuscritos de los tiempos de la construcción de las Catedrales, Abadías, Palacios y Fortalezas, a fines del medioevo, dan cuenta – inequívocamente -, que la mujer participó -como un miembro más-, de las corporaciones o gildas de albañiles y artesanos de las grandes construcciones medievales en toda Europa (ver: “La Mujer en la Masonería Operativa”, en este mismo portal).

Cierto, el porcentaje histórico de estas mujeres “masones” nunca fue alto, ya que la religión y la cultura reinante la postergaron, puesto que la Iglesia y el Señor feudal estaban por sobre ella.

Recién en el Sínodo de Mâcon, en el año 1486 (1), la Iglesia Católica aceptó, por una diferencia de dos votos a favor, que la mujer tenía alma (ver comentarios de Belén de Sárraga en “Miembros Ilustres” de este mismo portal), discusión que se mantuvo hasta el siglo XVIII. Al respecto, tampoco se puede ignorar, la famosa “Taxa Camarae” promulgada por el Papa León X, en 1517, que vendía Indulgencias a clérigos o laicos que hubiesen engañado, violado, asesinado, estafado, maltratado o abusado de animales, niños o mujeres (2).

A partir del siglo XVI, la Masonería Operativa comenzó a debilitarse -especialmente durante las Reformas Protestantes-, y las Logias Operativas comenzaron a aceptar miembros honoríficos, llamados accepted masons-, no dedicados a la construcción-, que buscaban protección y los sabios conocimientos que ofrecía la Logia Operativa, adquiriendo mayor vocación intelectual y nuevos horizontes espirituales, convirtiéndola en lo que –posteriormente-, se llamaría la Franc-masonería Especulativa. El proceso fue paulatino, entre los siglos XVII y XVIII. Aquellos masones aceptados -algunos de ellos miembros destacados de Instituciones Científicas tan prestigiosas como la Royal Society de Londres-, trataron de incorporar al Universo Mental de las Logias, los Ideales propios de la Ilustración imperantes ya en el siglo XVIII, aunque siempre dentro del concepto religioso y social de considerar a la mujer como un ser inferior, no apta para ese tipo de trabajo, tal como lo declarara abiertamente Rousseau (3 y 4).

Es en este estado, en que la Sociedad británica atravesaba confabulaciones, asesinatos, guerras, persecuciones políticas y religiosas que, cuatro logias en Londres venidas a menos, tres de ellas operativa y una especulativa -de las varias que había en la ciudad-, se juntan el 24 de junio de 1717, para crear la Gran Logia de Londres y Westminster, con el fin de unirse, apoyarse entre ellas y así evitar la muerte por decadencia. Dentro de las varias acciones que acuerdan, está la de redactar una Constitución, la que encargan a dos pastores protestantes: James Anderson y Jean Théophile Desaguliers (5), basándose en los famosos Old Charges (conjunto de manuscritos de la Masonería Operativa), quienes -por supuesto-, omitirían toda referencia a la mujer en estos antiguos manuscritos y la excluirían sin dar ninguna explicación, claro reflejo del pensamiento religioso, ético, social y cultural imperante de la época que, de hecho, prohibía la admisión de: siervos, inválidos, mujeres, hombres inmorales y escandalosos.

Iglesia Santa Eulalia, Palma de Mayorca, siglo X

Si bien es cierto que, durante los siglos XVIII y XIX, hubo uno que otro importante pensador que abogó por la igualdad de derechos de la mujer, fueron ellas mismas -en su lucha intelectual, educativa, ética y accionaria-las que instalarán -especialmente en Francia-, la idea de la emancipación de la mujer y su derecho a la igualdad. Dentro de estas muchas mujeres luchadoras destacó, en la segunda mitad del siglo XIX, Maria Deraismes, republicana, escritora, dramaturga y periodista, quien sedujo -con su oratoria, cultura y preparación-, a los hombres políticos de la época, en particular a los que estaban relacionados con el feminismo. Así, desde 1866, es solicitada por el Gran Oriente de Francia -la Obediencia Masónica Liberal más grande e influyente de la época-, para participar en una serie de conferencias, abordando temas de moral, historia, literatura, derechos del niño, el papel del clero en la sociedad, de la mujer, etc., conferencias que replicaría en muchos otros medios e Instituciones Laicas, durante varios años.

Fue en 1879 cuando -por primera vez-, un grupo de masones del Gran Oriente de Francia, la impulsó a ingresar a la Francmasonería, siendo rechazada su solicitud -en la Logia “La Clémente Amitié”-, casi por unanimidad. No obstante, tres años después, el 14 de enero de 1882, se abrió para Maria Deraismes un nuevo período: los miembros de la Logia “Les Libres Penseurs de Pecq”, de la Gran Logia Simbólica Escocesa de Francia -que había nacido cuando doce logias se separaron de la Gran Logia Central del Supremo Consejo de Francia, en 1880-, la Iniciaron en los misterios de la Masonería, sabiendo que transgredían el artículo 67 de su propia Constitución. Así, Maria Deraismes se transformó en la primera mujer francesa admitida